LOS CHAKRAS Y SU ACTIVIDAD

Se supone que el estudiante posee un conocimiento elemental del cuerpo vital y de sus centros de fuerza, y también que estos siete centros o lotos, tienen teóricamente ubicación en su imagi­nación. Empleo el término imaginación premeditadamente, pues has­ta no haber conocimiento y clara visión, la presunción imaginativa es un factor potente para producir la actividad de los centros.

Para mayor claridad, enumeraremos dichos lotos, indicando el número de sus pétalos y ubicación. Sus colores son de poca importancia por el momento, desde el punto de vista del estu­diante, porque mucho de lo que se ha dado a conocer es erróneo o sirvió de pantalla, y en todos los casos los colores esotéricos son muy distintos de los exotéricos:

1. La base de la columna vertebral .................. ............. 4 pétalos.

2. El centro sacro ............................................ ............. 6 pétalos

3. El centro plexo solar.................................... ...........10 pétalos.

Diafragma

4. El centro cardíaco . ..................................... ...........12 pétalos.

5. El centro laríngeo ........................................ ..16 pétalos.

6. El centro ajna .............................................. .............2 pétalos.

7. El centro coronario ..................................... ........1000 pétalos.


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El estudiante debe recordar dos hechos importantes que pue­den ser considerados elementales, pero que deben realizarse en forma consciente y llegar a ser parte del propósito específico en el entrenamiento del aspirante. Es fácil generalizar, pero difícil darse cuenta. Es muy fácil comprender los datos intelectuales informativos respecto a los centros de fuerza pero muy difícil lograr el reordenamiento de las fuerzas que fluyen a través de estos vórtices, y aprender a actuar conscientemente por medio de los centros superiores, subordinando los inferiores. Esto debe lle­varse a cabo sin acentuar el aspecto forma, como se hace en la mayoría de las prácticas utilizadas en la vitalización de los cen­tros. Los dos hechos de importancia son:

1. Los tres centros abajo del diafragma, deben ser respetados y conducidos de un estado negativo a otro positivo.




MULADARA

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1. la base de la columna vertebral,

SWADISTANA

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2. el centro sacro,


MANIPURA
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3. el centro plexo solar,

que son, en la actualidad, los más potentes en la humanidad co­mún, y también los de mayor "vitalidad"; requieren ser reorgani­zados, reorientados y llevados de un estado positivo a otro ne­gativo.

En forma similar, los cuatro centros arriba del diafragma,

ANAHATA
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4. el centro cardíaco,

VISHUDA

5. el centro laríngeo,


AJNA

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6.
el centro frontal, ajna

SAHASRARA
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7. el centro coronario,



Esto hay que efectuarlo en dos formas. Primero, transfiriendo a los centros superiores la energía positiva de los centros infe­riores y, segundo, despertando el centro coronario mediante la actividad de la voluntad. El primer efecto se produce mediante la formación del carácter y la purificación de los cuerpos, a me­dida que el alma los utiliza en los tres mundos. El segundo es el resultado de la meditación y el desarrollo del propósito organi­zado, impuesto por la voluntad en la vida diaria. La formación del carácter, la pureza de vida, las reacciones emotivas controladas y el correcto pensar, son puerilidades conocidas en todos los sis­temas religiosos, las cuales han perdido valor debido a que nos hemos familiarizado con ellas. No es fácil recordar que a medida que vivimos con pureza y rectitud, estamos en realidad trabajando con fuerzas, subyugando energías para nuestras necesi­dades, subordinando las vidas elementales a los requisitos de la existencia espiritual y poniendo en actividad un mecanismo y es­tructura vital que hasta ahora sólo había permanecido en estado latente y pasivo. Sin embargo, no deja de ser una verdad que, cuando las energías latentes en la base de la columna vertebral son conducidas a la cabeza y llevadas (a través del plexo solar, lugar de distribución de energía y de la médula oblongada) al centro entre las cejas, entonces la personalidad, el aspecto ma­teria, alcanza su apoteosis y la Virgen María –en el sentido individual, analogía finita de una Realidad infinita— es “condu­cida al Cielo" para sentarse allí al lado de su hijo, el Cristo, el alma.

Cuando las energías del centro sacro, enfocadas hasta ahora en el trabajo de creación y generación física, y por lo tanto ori­gen del interés y la vida sexual, son sublimadas, reorientadas y ascendidas al centro laríngeo, entonces el aspirante se convierte en una fuerza consciente y creadora en los mundos superiores; traspasa el velo, y empieza a crear el canon de las cosas que, opor­tunamente, traerán el nuevo cielo y la nueva tierra.

Cuando las energías del plexo solar –hasta ahora expresión de la potente naturaleza de deseos, que nutre la vida emocional, de la personalidad— son también trasmutadas y reorientadas y después conducidas al centro cardíaco, se obtiene como resultado, la comprensión de la conciencia, el amor y el propósito grupa­les, que hacen del aspirante un servidor de la humanidad y un asociado de los Hermanos Mayores de la raza.

Consumadas estas tres trasferencias, se produce entonces ac­tividad en el centro coronario, último factor regidor, y por un acto de la voluntad de la regente alma inmanente tienen lugar ciertos acontecimientos que consideraremos más adelante.

2. El segundo hecho a tener presente es que a medida que, ocurren estos cambios y reorientaciones, el discípulo empieza a despertar psicológicamente a nuevos estados de conciencia, a nue­vos estados de existencia y a nuevos estados del ser. Por lo tan­to, es evidente la necesidad de proceder con lentitud en estas cosas, de modo que la captación mental y la capacidad de razonar lógica y sensatamente puedan ir a la par del desarrollo de la intuición y de la percepción espiritual. Muchas escuelas tratan de forzar y desarrollar prematuramente las facultades superiores, y conducen al aspirante (si puedo expresarlo en lenguaje místi­co) directamente del reino de los sentimientos y del deseo al de la intuición, pero dejando las facultades intelectuales y el mecanismo mental sin desarrollo y en estado latente. Cuando así ocu­rre –hablando nuevamente en forma mística— se produce un vacío o brecha, en una parte del equipo que el alma debe forzo­samente utilizar en los tres mundos de su esfuerzo. La mente in­terpretadora, organizadora y comprensiva, no puede desempeñar su parte. Cuando falta comprensión y capacidad mental, hay peligro de incomprensión, de credulidad y de interpretación erró­nea de los fenómenos correspondientes a otros estados del ser. Fal­tará el sentido de los valores, se sobrestimarán las cosas no esen­ciales y no será captado el valor de las realidades espirituales.

En estos casos la energía puede fluir hacia los centros de fuerza, pero como no hay una inteligencia que la dirija quedará sin control, por eso tenemos esos tristes casos de que está sem­brado el camino del esfuerzo esotérico, que han desacreditado el trabajo de la Logia –casos de personalidades sobrestimadas, de­votos supersticiosos, crédulos seguidores de los dirigentes, dese­quilibrados idealistas, fanáticos y esas mentes retorcidas que se arrogan poderes que no les pertenecen. Los hombres y mujeres son arrastrados por el astralismo y vagan en el valle de la ilu­sión, considerándose distintos de los demás, situándose en un pe­destal y por encima de la humanidad común. Así caen conscien­temente en el pecado de la separatividad. Agréguese a lo ante­rior los casos de perversión sexual, producidos por el superestí­mulo del centro sacro, los casos de neurosis, supersensibilidad, emocionalismo, ocasionados por la vitalización prematura del cen­tro plexo solar y, por último, los casos de insania, producidos por el excesivo estímulo de las células cerebrales, debido a la práctica ignorante de la meditación; según lo expuesto se hace cada vez más clara la razón por la cual se considera necesario ac­tuar con lentitud y desarrollar los procesos mentales a la par de la naturaleza espiritual.

El estudiante común empieza sabiendo que posee centros y anhela la pureza de carácter. Quienes saben le aseguran que a. medida que se esfuerce, medita, estudia y sirve, se producirán en él ciertos cambios internos y surgirá, desde las profundidades de su ser, un despertar dinámico; se le dice que después le seguirá una exhalación, vibración y vitalización, que harán destacar su vida subjetiva espiritual. Esta vida subjetiva se expresa como energía espiritual mediante el cuerpo de energía o cuerpo vital; la energía así expresada cambiará el enfoque e interés de su vida y producirá un efecto dinámico y magnético que atraerá y ele­vará a la humanidad. Esta energía es de naturaleza séptuple y utiliza, como agentes, siete puntos focales en el cuerpo etérico.

No es posible para el aspirante, en las primeras etapas del sendero del discipulado, trabajar con los siete tipos de energía en forma inteligente y utilizarlos. Para los propósitos de entrena­miento se acentúan sólo tres de ellos, que son:

1. La energía de la voluntad, fuerza o poder, a través del centro coronario, energía del hombre espiritual, proveniente direc­tamente de la mónada, por conducto del alma. Sin embargo, hasta la tercera iniciación el discípulo necesita comprender únicamente que el aspecto voluntad del alma debería controlar la personalidad vía el cuerpo mental, hasta el centro coronario. Cuando esto suce­de, el loto de mil pétalos comienza a funcionar. La línea de esta corriente de fuerza es:


Mónada

Atma. Voluntad espiritual.

El círculo interno de pétalos en el loto egoico. Los pétalos de la voluntad.

El cuerpo mental.

El centro coronario en el cuerpo etérico.

El sistema nervioso y el cerebro.

2. La energía de amor sabiduría, a través del centro cardía­co. Cuando este centro se despierta, conduce a esa expansión de conciencia que inicia al hombre en su vida grupal. Pierde la sen­sación de separatividad y, finalmente, emerge a la plena luz de la comprensión –comprensión de la unidad con su propio Dios inmanente, con toda la humanidad, con las almas de todas las formas de la naturaleza y así también con la superalma. Esta co­rriente de fuerza proviene también de la mónada, por interme­dio del alma, y su línea es:

Mónada

Budi. Amor espiritual. Intuición.

El segundo círculo de pétalos en el loto egoico, los pétalos del amor.

El cuerpo astral.

El centro cardíaco.

La corriente sanguínea.

En el hombre poco evolucionado, esta corriente de fuerza pa­sa a través del centro cardíaco directamente al plexo solar, y uti­liza sus dos aspectos de vida vital y cualidad del alma; uno ener­getizando la corriente sanguínea y el otro despertando el centro plexo solar. Entonces se convierte en el factor dominante en la vida energética del hombre y en la fuerza por la cual se expresa su naturaleza de deseo, hasta el momento en que el aspirante logra la necesaria transmutación y reorientación de su naturaleza emocional y de deseo. Luego el corazón despierta y entra en ac­tividad, y la vida del centro plexo solar se subordina a la del co­razón. Esto se logra desarrollando interés por las cosas grupales, cultivando la inclusividad, y perdiendo constante interés por la personalidad y las cosas separativas y egoístas.

3. La energía de la inteligencia activa, o energía que anima al aspecto forma, creando formas de acuerdo a los propósitos sub­jetivos de la inteligencia que la preside ‑-Dios u hombre, divino o humano. Esto también procede del tercer aspecto de la mónada, siendo la línea de contacto:

Mónada

Manas. Inteligencia espiritual. Mente superior.

La tercera hilera o externa de pétalos del loto egoico, los pétalos del conocimiento.

El cuerpo etérico en su totalidad, penetrando en el cuerpo físico denso.

El centro laríngeo.

Las células del cuerpo.

En el hombre poco evolucionado, como en el caso del segundo as­pecto y su desarrollo, la energía pasa simplemente por el centro laríngeo y va directamente al centro sacro, poniendo así en actividad los procesos generadores y las facultades creadoras, utili­zados en la tarea reproductora y en la vida sexual de la raza.

Éste es un delineamiento amplio y general de las tres co­rrientes principales de fuerza o energía divina, y su dirección.

No consideraremos aquí la relación existente entre el centro coronario y la base de la columna vertebral, donde yace el fuego latente, ni tampoco trataremos la función del centro plexo solar como centro de distribución de las energías inferiores. Ansío que los estudiantes comprendan simplemente la idea general y la estructura de la enseñanza.

Todo ser humano encuentra con el tiempo su camino de re­greso al Sendero de Retorno, hacia uno de los tres rayos mayo­res. Todos tienen que expresar finalmente la facultad creadora inteligente, estar animados por el amor divino y poner en fun­ción activa la Voluntad, a medida que expresa el propósito y plan divinos.

El primer centro que el aspirante trata conscientemente de energetizar es el cardíaco, y en él se concentra durante las primeras etapas del noviciado. Debe aprender a ser consciente del grupo, sensible a los ideales del mismo e incluyente en sus planes y conceptos; tiene que aprender a amar en forma pura y general; no debe ser impelido por la atracción de la personalidad ni por el móvil de la recompensa. Hasta no producirse este des­pertar en el corazón, no se le puede confiar el manejo de los poderes creadores del centro laríngeo, porque estarían subordi­nados al autoengrandecimiento y a ambiciones de distintos tipos.

Se ha de observar que ninguno de estos desenvolvimientos pueden encararse desde el punto de vista de la plena pasividad estática, ni desde el ángulo de una empresa completamente nue­va. Estamos en proceso de evolución. Ciertos aspectos de nues­tros centros de fuerza ya están despiertos y actúan en relación con el aspecto forma, pero aún no expresan las cualidades del alma. Tenemos detrás nuestro un pasado largo y fructífero. Nin­guno de nosotros es absolutamente egoísta o separatista. La so­ciedad humana es ahora cohesiva e interdependiente. Toda la humanidad ya ha hecho mucho para poner en actividad parcial el centro cardíaco, y despertar algunos de los aspectos más im­portantes del centro laríngeo.


En la actualidad, el problema de muchos aspirantes radica en el plexo solar, porque se ha abierto de par en par, funciona en forma activa y está casi totalmente despierto. El trabajo de transmutación continúa sin embargo simultáneamente y trae, co­mo es de imaginar, grandes dificultades y condiciones caóticas. El centro cardíaco también empieza a vibrar, pero todavía no ha despertado; el centro laríngeo, con frecuencia, se despierta prematuramente por la trasferencia de energía desde el centro sacro. Ello se debe a varias causas veces a un propósito e in­tención espirituales, pero muy a menudo a la abstención de la vida sexual normal, debido a factores económicos o a la falta de vitalidad física que predispone al celibato. Esta falta de fuer­za vital se debe, a su vez, a muchos factores, pero principalmente a una larga herencia, que produce degeneración del cuerpo físi­co, o al celibato obligado en vidas anteriores; esto con harta fre­cuencia es el resultado de una vida monástica y mística. Cuando este despertar creador encuentra expresión en cualquiera de las artes –literatura, pintura, música— o en la organización grupal y trabajo administrativo, no produce ningún daño, porque la ener­gía encuentra una salida creadora normal. Estos puntos deben ser recordados por el aspirante, pues enfrenta un problema muy complejo; entra ciegamente en una situación, resultado de un lar­go proceso evolutivo, sobre la cual no tiene la clave. Esto sucede especialmente en las primeras etapas y antes de la primera ini­ciación, porque ignora la historia del pasado y no tiene previsión alguna respecto al futuro. Debe utilizar su equipo y oportunidad y hacer lo que puede, guiado por las antiguas reglas de Raja Yoga y por la luz de su propia alma.

A medida que van despertando el centro cardíaco y el larín­geo, inicia el trabajo creador, se establece una relación definida y una interacción de energía entre ambos. Esta actividad a su vez produce respuesta de ese aspecto del loto de mil pétalos (loto sintético) a través del cual pasa normalmente la energía que ani­ma los centros cardíaco y laríngeo. Tal interacción y actividad responsiva produce dos resultados, que deben ser cuidadosamen­te observados:

Primero, aparece la luz en la cabeza. Un chispazo, si puedo expresarlo así, se establece entre la influyente energía superior positiva, cuando se centraliza en forma de loto de mil pétalos y la creciente vibración de los lotos o centros, cardíaco y laríngeo. Estos dos centros a su vez responden a las energías que ascienden desde los centros inferiores situados abajo del diafragma.

Segundo, el centro ajna también empieza a hacer sentir su presencia, y este significativo loto de dos pétalos comienza a vi­brar. Simboliza el trabajo de unificación del alma y el cuerpo, lo subjetivo y lo objetivo. En algunos libros ocultistas se lo llama el loto de los noventa y seis pétalos, pero es sólo una diferencia­ción de las energías enfocadas en los dos pétalos. Se observará que el total de los pétalos de fuerza en los centros (excluyendo los dos de la cabeza) suman cuarenta y ocho. Estas energías en sus dos aspectos de energía física vital y cualidad del alma, cons­tituyen los noventa y seis aspectos o vibraciones, de los dos pé­talos del ajna o centro entre las cejas. Debe recordarse también que la palabra "pétalo" sólo simboliza una expresión de fuerza y su efecto aparente en la materia.

Los cinco centros con sus cuarenta y ocho pétalos se sinteti­zan en el loto de dos pétalos; tenemos así cuarenta y ocho más dos, igual a cincuenta, el número de la personalidad perfecta, porque cinco es el número del hombre y diez es el de la perfec­ción. Si a la suma total de los cuarenta y ocho pétalos de los cin­co centros se agrega simbólicamente los noventa y seis pétalos del centro entre las cejas, tendremos el número ciento cuarenta y cuatro. Este número significa el trabajo completo de las doce Jerarquías creadoras, doce veces doce, y la unión del alma subje­tiva con el cuerpo objetivo, en perfecta unión y unificación. Ésta es la culminación. A esta cifra ciento cuarenta y cuatro agrégue­se la del número mil (la cantidad de pétalos en el loto del centro coronario) y tendremos el número de los que han sido salvados en el Libro de las Revelaciones, los ciento cuarenta y cuatro mil que pueden permanecer ante Dios, porque los tres últimos guarismos indican la personalidad. Cuando el hombre haya concluido en sí mismo la gran tarea, y perciba el número ciento cuarenta y cuatro mil como simbolizando su etapa de realización, enton­ces puede permanecer ante Dios –ahora no sólo permanece ante el Angel de la Presencia, sino ante la Presencia Misma.


EL DESPERTAR DE LOS CENTROS

Surgen aquí los siguientes interrogantes: ¿cómo puede pro­ducirse tal coordinación y despertar? y ¿qué pasos tendrán que darse para provocar esta vitalización y la oportuna actividad sin­tética de los tres centros? Ante estas preguntas, el verdadero ins­tructor se halla frente a una dificultad. No es fácil aclarar las actividades esotéricas y otras paralelas, resultado de la forma­ción del carácter. A menudo el aspirante ansía que se le diga algo nuevo, y cuando se le explica una antigua verdad –tan vie­ja y familiar que no produce reacción— le parece que el ins­tructor ha fracasado y se deja llevar por un sentido de futilidad y depresión. Sin embargo, esto debe ser enfrentado y las pre­guntas contestadas. Por lo tanto, expresaré los requisitos necesa­rios de la manera más sencilla posible, enumerándolos en su or­den correlativo y de acuerdo a su importancia, desde el punto de vista del aspirante común. Primeramente los clasificaremos y luego trataremos brevemente cada uno:

1. La formación del carácter, primero y esencial requisito.

2. El móvil correcto.

3. El servicio.

4. La meditación.

5. El estudio técnico de la ciencia de los centros.

6. Los ejercicios de respiración.

7. El aprendizaje de la técnica de la voluntad.

8. El desarrollo del poder para emplear el tiempo.

9. El despertar del fuego kundalini.

Este último y noveno punto no será estudiado en esta etapa de nuestro entrenamiento. La razón es evidente. La mayoría de los aspirantes está en la etapa tercera y cuarta, y recién comien­za a trabajar en la quinta y sexta. Trataremos brevemente cada uno de esos pasos necesarios, y recalco la necesidad de compren­der, en cierta medida, la responsabilidad que implica el conoci­miento. ¿Captan el hecho de que si practicaran toda la información dada en el entrenamiento y la convirtieran en una realidad experimentada, y si vivieran diaria y constantemente estas ense­ñanzas, ya estarían ante el Portal de la Iniciación? ¿Se dan cuen­ta que la verdad debe ser forjada en la estructura del diario vi­vir, antes de poder impartirse sin peligro una nueva verdad?

1. La formación del carácter. Estos nueve puntos deben ser estudiados desde su aspecto fuerza, y no desde su importancia ética o espiritual. El iniciado penetra en el "mundo de la fuerza” y ello es posible por el entrenamiento que recibe como aspirante. Cada uno entra en la vida con cierto equipo –producto de pasa­das vidas de esfuerzo y experiencia— que tiene ciertas deficien­cias y muy pocas veces está equilibrado. Un hombre es muy men­tal, otro demasiado psíquico. Un tercero es principalmente físico y aún otro demasiado místico. Uno es sensitivo, irritable e impresionable, otro lo contrario. Una persona está centrada en su naturaleza animal o es estrictamente material en su punto de vista de la vida, mientras que otra es visionaria y no comete pecados carnales. Las diversidades son innumerables, pero en ca­da vida hay una tendencia predominante hacia la que se dirigen todas las energías de su naturaleza. Quizás es impulsada fuerte­mente por sus fuerzas físicas y vive en consecuencia una vida animal, o es movida por la energía astral y vive una vida fuer­temente emotiva y psíquica. Quizás –como la mayoría— está afec­tada por tres tipos de energía, física, emocional y ocasionalmen­te por la afluencia de energía del alma. El punto a recordar es: que los cuerpos en los cuales actuamos como almas, constitu­yen principalmente cuerpos de energía. Están compuestos por unidades de energía, átomos en un constante estado de flujo y movimiento, y encuentran su lugar en un ambiente similar. El alma actúa como núcleo positivo en estos cuerpos de energía y, en la mayoría de los casos, está relativamente estática. Ejerce aún poca presión sobre sus vehículos, pero se identifica con ellos, negando así momentáneamente su propia vida intrínseca.

No obstante, llega el día en que el alma despierta a la nece­sidad de dominar la situación y afirmar su propia autoridad. En­tonces el hombre (esporádicamente al principio) hace un inven­tario de la situación. Primeramente debe descubrir qué tipo de energía predomina, y cuál es la fuerza motivadora de su expe­riencia diaria. Habiéndolo descubierto empieza a reorganizar, re­orientar y reconstruir sus cuerpos. Toda esta enseñanza puede resumirse en dos palabras: Vicio y Virtud.

El vicio es la energía de las envolturas, individual o sinte­tizada en la personalidad, porque controla las actividades de la vida y subordina el alma a las envolturas, a los impulsos y a las tendencias del yo inferior.

La virtud es la introducción de nuevas energías y de un nuevo ritmo vibratorio, a fin de convertir al alma en el factor controlante positivo y las fuerzas del alma reemplazar a las de los cuerpos. Éste es el proceso que concierne a la formación del carácter. Permítanme dar un ejemplo: Cuando un hombre es víctima de un estado nervioso e irritable, le decimos que necesita calmarse, tranquilizarse y cultivar el desapego, para obtener con­trol sobre sí mismo. Le enseñamos que en vez de mal humor de­be tener calma y cultivar la amabilidad. Esto parece una triviali­dad y nada interesante. Sin embargo, significa que en vez de la naturaleza emocional autocentrada e inquieta y la actividad del centro plexo solar (que lleva en sí las poderosas fuerzas del plano astral), debiera imponerse el ritmo firme, desapegado y armoni­zador del alma, el yo superior. Este trabajo de imponer la vibra­ción superior sobre la inferior, constituye la formación del carác­ter, el primer requisito previo en el sendero de probación. Al leer esto el estudiante serio puede empezar a sumar sus haberes de energía, clasificar las fuerzas que controlan su vida y llegar así a una comprensión racional y verdadera de las fuerzas que requieren ser subordinadas y reforzadas. A la luz del verdadero conocimiento, que siga entonces adelante en el sendero de su destino.

2. El móvil correcto. Se dice que el Maestro de Sabiduría es la "rara eflorescencia de una generación de investigadores”. La pregunta que se formula aquí el buscador y que sólo él tiene derecho de responder es: ¿Cuál es el móvil que rige mi aspira­ción y esfuerzo? ¿Por qué trato de construir sobre una base verdadera? ¿Por qué invoco mi alma con tanta diligencia?

El desarrollo del móvil correcto es un esfuerzo progresivo; continuamente cambiamos el enfoque de nuestro incentivo a me­dida que nos descubrimos a nosotros mismos, entonces la Luz brilla más firmemente en nuestro camino y constantemente sur­ge un móvil nuevo y superior. Permítanme dar otro ejemplo: Un aspirante en las primeras etapas es, por lo general, un devoto. Para estar a la altura de las normas establecidas por un amigo o por un instructor amado, lucha, se esfuerza y gana posición. Más tarde este objeto de su devoción y ardiente esfuerzo, es re­emplazado por la devoción hacia uno de los Grandes Seres, los Hermanos Mayores de la raza. Vuelca todos sus poderes y las fuerzas de su naturaleza en Su servicio. Este incentivo, a su vez, es segura y firmemente sustituido por un amor vital hacia la humanidad, y el amor hacia un individuo (por más perfecto que sea) se pierde en el amor hacia todos los hombres. A medida que el alma controla cada vez más su instrumento y su natura­leza se manifiesta incesantemente, esto también es reemplazado por amor al ideal, al Plan y a los propósitos que subyacen en el universo mismo. El hombre llega a conocerse a sí mismo como un canal por el cual pueden trabajar los agentes espirituales, y se da cuenta que es parte integrante de la Vida Una. Entonces ve a la humanidad como algo relativo y fragmentario, y se su­merge en la gran Voluntad.

3. El servicio. Un estudio del correcto móvil conduce natu­ralmente al correcto servicio, y a menudo va a la par de la con­ciencia motivadora en su forma objetiva. Del servicio hacia un individuo, la familia, la nación, como expresión de amor, surge el servicio a un miembro de la Jerarquía, al grupo de un Maestro y a la humanidad. Oportunamente se desarrolla la conciencia del Plan y se presta servicio al mismo, y la consagración al pro­pósito subyacente en la gran Existencia, la cual ha traído todo a la existencia para cumplir algún objetivo específico.

4. La meditación. Sobre este tema no nos explayaremos por­que ha constituido la base de muchas de las enseñanzas de mis otros libros y la mayoría de ustedes practica constantemente la meditación, que he enumerado cuarta en la lista, por implicar pe­ligro y no ser útil para el hombre que se inicia en ella sin la base de un buen carácter y de una vida pura. Entonces la meditación se convierte únicamente en un medio para atraer energías que sólo sirven de estímulo a los aspectos indeseables de su vida, así como la fertilización de un jardín lleno de malezas aumenta grandemente su reproducción, matando a las flores débiles y pe­queñas. La meditación es peligrosa donde existen móviles erró­neos, tales como el deseo de progreso personal y poderes espiri­tuales, porque bajo estas condiciones sólo produce fortalecimien­to de las sombras en el valle de la ilusión, y desarrolla en toda su plenitud la serpiente del orgullo que acecha en el valle del deseo egoísta. La meditación es peligrosa cuando no existe el de­seo de servir. El servicio es otra palabra con que se designa la utilización de la fuerza del alma en bien del grupo. Donde falta este impulso la energía puede fluir en los cuerpos, pero ‑al no utilizarse ni hallar salida‑- tiende a sobrestimular los centros y producir condiciones desastrosas al neófito. Asimilación y eli­minación son leyes de la vida del alma al igual que de la vida física, y cuando no se tiene en cuenta esta sencilla ley, se sufri­rán serias consecuencias, tan inevitables como las del cuerpo físico.

5. Estudio de los centros. Recién comenzamos este estudio, aunque está aún en su infancia en Occidente y es muy poco apli­cado en Oriente. Nuestra forma de encararlo será algo nueva, porque aunque nos acostumbremos a los nombres, ubicación y relación de los centros, no meditaremos sobre ellos. Oportunamen­te llegaremos a una apreciación de su vibración, de su tono y colores y de sus significaciones astrológicas. No trabajaremos con los centros de la columna vertebral ni tendremos como objetivo su utilización consciente como lo hace el clarividente o el clariaudiente. Todo el trabajo realizado por los estudiantes debe hacerse completamente en la cabeza y desde ella. Allí se encuentra el asiento de la voluntad, aspecto espíritu, actuando a través del al­ma. Tenemos también la expresión sintética de la personalidad; la comprensión de la relación de los dos centros de la cabeza y su mutua interacción, traerá gradualmente el dominio de la per­sonalidad por el alma. Esto conducirá a la consiguiente y subsi­guiente actividad dirigida de los otros cinco centros. El trabajo de estos cinco centros será eventualmente tan automático como en la actualidad es el funcionamiento del corazón y de los pul­mones en el cuerpo físico.

La Inteligencia, el Yo que preside, "situada en el trono entre las cejas" y guiada por la Luz en la cabeza, despertará lo que concierne al alma, y estará tan alerta como lo está la conciencia del yo en el hombre com&

LA SALUD ES BIENESTAR INTEGRAL

La salud es definida como el bienestar mental, emocional, físico y social. Es un estado que todos queremos alcanzar y se convierte en un don Divino cuando ese bienestar es una realidad en nuestra vida.

Para que haya salud es necesario que esos factores mencionados se encuentren en armonía. Tanto lo mental, como lo físico, lo espiritual, y el ambiente en que vivimos a diario.

La enfermedad aparece con la perdida de esa armonía, en cualquiera de los niveles ya que una alteración en uno la produce en los demás.




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